Hoy os traigo una entrada no literaria pero de algo que me apetece mucho compartir con vosotros. Quienes me seguís en
Facebook o
Twitter ya lo sabréis, pero quiero contar cómo ha sido la historia completa, que tiene tela.
Desde bien pequeñita me han gustado mucho los animales, especialmente los gatos. Desgraciadamente, nunca me han dejado tener uno, y mi única experiencia con gatos se limita a ser mamá de acogida del gato de una amiga durante aproximadamente un año. Ya os lo enseñé en alguna fotito, y sigo considerando a Sugus mi primer gato (y además era el mejor gato del mundo), pero cuando me fui de casa tenía claro que quería adoptar un gato.
Adoptar, sí, porque me parece criminal pagar dinero cuando hay un montón de asociaciones hasta arriba de gatos. Y aquí es donde empieza la fiesta. No sé si habéis entrado en páginas como
GATAweb o
Madrid Felina, pero dan mucha pena la mayoría de los gatos, y decidirse por uno es muy difícil. Finalmente, contacté con una muchacha a través del
Facebook de
GATA para coger a una gatita tricolor callejera extremadamente sociable que había en su barrio.
 |
| Medio dormida en el sofá |
Bliff y yo fuimos para allá, con un transportín prestado (habíamos comprado uno por internet y aún no había llegado), y pasamos un par de horas tratando de coger a la minina, que no se dejaba. Nos fuimos (porque al menos yo, tenía que ir a trabajar) y cuando estábamos llegando a nuestro barrio, la muchacha nos llamó, que habían conseguido cogerla. De cabeza al veterinario y, oh, sorpresa: la gata tenía chip. Al llamar a la dueña (una señora mayor), se alegró un montón de recuperarla, llorando incluso. Me dio bastante penita, porque la gata era preciosa y muy buena, pero por otro lado, sacamos a una gata de la calle y se la devolvimos a la dueña.
Primer fiasco. Pero una de las chicas que nos había ayudado a coger a esta gata, nos dijo que ella tenía un gato que quería dar en adopción. Un gato muy mimoso y tranquilo, precioso, que quería entregar para poder adoptar uno con leucemia felina. Quedamos con ella en que nos iba a traer al bichín el domingo 12 de Febrero por la mañana (el día del cumpleaños de Bliff, por cierto) y nada. Ilusionados, pasamos la semana contando las horas para tener al gato con nosotros. El domingo por la mañana suena el teléfono y es la muchacha... pero no para avisarnos de a qué hora va a venir, no. Resulta que el gato estaba en casa de su hermana, que tiene un hijo autista. El niño, que no se relacionaba con nadie, empezaba a socializar con el gato... y claro, no era plan de quitarle un amigo a un niño autista. Esta historia me pareció preciosa, pero empezaba a pensar que jamás íbamos a conseguir encontrar mascota.
Esa misma tarde, nos pusimos en contacto con
Madrid Felina, para adoptar un gato cariñoso. Ya de paso, les dijimos que queríamos uno con
inmunodeficiencia felina (el sida de los gatos), que suelen tener menos posibilidades de que alguien los quiera. Nos enviaron (enseguida, por cierto) varios enlaces de gatos de su asociación y elegimos, básicamente, por la fecha de nacimiento. El gato más joven. Esto puede parecer contradictorio a lo de antes, lo de adoptar un gato
inmuno, pero quiero que mi gato pase el mayor tiempo posible conmigo... y algún criterio tenía que tener para cribar.
 |
| Le encantan los mimitos |
Al día siguiente, lunes 13, fuimos a conocer a la gata, que ellos llamaban Jota. Quedamos por la noche en la clínica y no puedo expresar con palabras la sensación que tuve al entrar donde tenían a todos los gatitos, que no sería ni una mínima parte de los que tienen en la asociación. Todos en jaulones, llamando la atención en cuanto nos vieron. Me dieron muchísima pena. Nuestra gata, bastante mimosa, que nos dejó tocarla sin problemas, y que se puso a jugar enseguida, resultó ser un amor. Allí, de pronto, la chica de la asociación nos preguntó si nos la queríamos llevar ya mismo. Yo aluciné, no esperaba poder hacerlo ese mismo día, que íbamos a conocerla y no habíamos llevado ni el transportín. Pero dio igual: ellos nos dejaron uno.
Le pusieron el chip, le cortaron las uñas y la "empaquetaron" dentro del transportín (con una manta envolviéndolo todo y sujeto con precinto). No pararon de darnos las gracias por adoptar un gato con inmuno, y, cuando nos íbamos, la chica que nos había atendido estaba a punto de llorar.
Teníamos gata. El viaje hasta casa con ella fue un tanto duro. Es una gata de unos dos años y unos cuatro kilos de peso. Imaginaos. Pero llegamos... y al sacarla del transportín curioseó la casa, y se escondió, claro. Pero ya al día siguiente, nos dejaba mimarla y cada vez se asustaba menos de nosotros.
Se ha adaptado genial a la vida con nosotros, ya apenas se esconde (sólo cuando quiere que la dejemos tranquila... jeje), duerme en nuestra cama, a mi lado y con la cabeza apoyada en la almohada, y nos lame y da mordisquitos cariñosos. Ronronea increíblemente fuerte y, si le acerco la cara, me da cabezazos suaves para que le haga mimos.
Es un amor de gata, aunque también es muy trasto, le gusta mucho jugar, y claro, los felinos son nocturnos, así que de vez en cuando la castigamos sin dormir (tanto) durante el día. Precisamente el otro día le tocó y daba una penita la pobre... Se le cerraban los ojitos.
 |
| A ver, qué hay por aquí... |
Así es como
Jota, que ahora se llama
Zowy, ha llegado a nuestras vidas. Y estoy segura de que no será la única gata que tengamos. Ahora mismo no, pero dentro de poco, tendrá compañía.
Me cuesta lograr transmitiros lo que siento por esta gata y quizá, los que no tengáis mascota ni lo entendáis, pero me tiene completamente enamorada. Es una bolita ronroneadora, que parece un motorcillo (se oye a distancia, no exagero) y que casi parece un perrete.
Espero que esté con nosotros muchísimo tiempo, y poder colmarla de mimos.
Siento esta entrada no literaria, y además larguísima, pero me apetecía muchísimo hacerla. Si alguna vez queréis una mascota, de verdad que os recomiendo encarecidamente la adopción. Hay muchos animales en busca de hogar, y quizá vosotros podáis salvarles de la calle o de la vida en un jaulón.
¡¡¡FELIZ SÁBADO!!!