viernes, 11 de octubre de 2013

La vieja guardia, John Scalzi

   Este verano estuve de vacaciones en Barcelona (entre otros sitios), alojándome en casa de una amiga. Ella, muy friki, gran lectora de ciencia-ficción, me comentó que cuando busca una lectura ligera, suele recurrir a novelas de ciencia-ficción con mucha acción y acto seguido me puso este libro en las manos.

   Yo no le hago ascos a nada, así que lo empecé en ese mismo momento, y dos días después lo terminaba, a pesar de haber estado visitando sitios y dando paseos, pero efectivamente es un libro que se lee solo.

   En un mundo en el que cuando cumples 75 años tienes la posibilidad de empezar otra vida, de recuperar tu juventud, poca gente lo pensaría, ¿verdad? Sí, tienes que servir unos años en las Fuerzas de Defensa Colonial, pero cuando estás cerca de convertirte en un vegetal, cuando apenas puedes valerte por ti mismo, volver a ser joven es más que tentador. Son muchos los ancianos que se unen a las FDC, que luchan en el espacio contra especies alienígenas que amenazan a la especie humana, para conseguir planetas donde poder formar colonias... Todo muy idílico y bonito, pero que esconde cosas espeluznantes.

   El argumento desde luego tiene mucha miga, porque además de dar pie a mucha acción, con el entrenamiento de los soldados y las batallas, pero también tiene algunas cosas muy chungas que ponen los pelos de punta, y un trasfondo político importante. A nivel argumental es una historia muy sólida, que se desarrolla muy rápido pero no por ello de forma precipitada, y con un final que, aunque es cerrado, da pie a continuar las aventuras (como efectivamente ocurre, ya que este libro es el primero de una saga).

   Pero el punto fuerte de esta novela son, sin lugar a dudas, los diálogos brillantes, casi de sitcom en algunas ocasiones, unos diálogos muy creíbles, divertidos... que corresponden a unos personajes igualmente geniales. Está narrado en primera persona por John, un tipo tremendo con un humor muy peculiar.

   En definitiva, me ha gustado mucho, lo he disfrutado un montón y seguiré con los otros libros del autor.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Estoy leyendo #5

   Esta semana estoy leyendo El 19 de marzo y el 2 de mayo, de Don Benito Pérez Galdós, para la lectura de todos los Episodios Nacionales que organizó Isi. La verdad es que es una manera genial de ir leyéndolos, porque son tantos que de primeras pueden abrumar, pero así, poco a poco y además comentándolos, se hace muy divertido. Además de que Don Benito escribe de una forma espectacular, muy cercana y divertida y no son libros nada pesados, así que os animo a apuntaros. 

   Este libro es la tercera de las aventuras que nos cuenta Gabrielillo, pero se puede leer de forma independiente, ya que cada entrega nos relata un acontecimiento histórico diferente. Y empieza así: 

En Marzo de 1808, y cuando habían transcurrido cuatro meses desde que empecé a trabajar en el oficio de cajista, ya componía con mediana destreza, y ganaba tres reales por ciento de líneas en la imprenta del Diario de Madrid. No me parecía muy bien aplicada mi laboriosidad, ni de gran porvenir la carrera tipográfica; pues aunque toda ella estriba en el manejo de las letras, más tiene de embrutecedora que de instructiva. Así es, que sin dejar el trabajo ni aflojar mi persistente aplicación, buscaba con el pensamiento horizontes más lejanos y esfera más honrosa que aquella de nuestra limitada, oscura y sofocante imprenta.

    Me ha encantado ese principio, con Gabriel componiendo las páginas de un diario en una imprenta, y explicando cómo es el trabajo. De momento me está gustando mucho, como los dos anteriores. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Los Doce, Justin Cronin

   Me adentré en la lectura de Los Doce con El Pasaje (reseña) relativamente reciente, ya que lo había vuelto a releer en agosto. Esto no sé si ha sido una buena idea porque, aunque me ha venido bien para recordar todo lo que había pasado, también ha hecho que empezase muy impaciente, queriendo que continuara por donde se había quedado el primer libro… y no es así. 

   De hecho, tenemos que esperar 300 páginas para volver al tiempo “presente”. 300 páginas donde volvemos al Año de Cero, al inicio de la epidemia, cómo reaccionó la gente y cómo se vivió ese fin del mundo. Que sopesándolo la verdad es que está muy bien, pero a mí se me hizo muy lento, no conseguía avanzar, y no entendía a qué venía meter a tantos personajes nuevos de repente (y esto lo sigo manteniendo), para que luego, finalmente, sobrevivan muy, muy poquitos.


   Tras esas 300 páginas de “introducción”, volvemos al 97 d.V. (después del Virus), y retomamos lo que ha pasado con los protagonistas del libro anterior, que han crecido, han cambiado y están establecidos de una manera o de otra. A partir de la mitad del libro ya se me hizo más ágil y me resultó menos difícil avanzar, pero sí es verdad que el tono, como comentaba Phobophille en su reseña, es muy diferente. Ya no es la historia de supervivencia extrema que me encantó de El Pasaje, sino que tienen una serie de recursos que parecen inagotables, y aunque siguen viviendo en un mundo que está dominado por los virales, la mayor parte del tiempo sencillamente no lo parece.

   Si la cosa se hubiera quedado aquí, podría haber hecho que el libro no me gustase demasiado y, sin embargo, llegó la parte de La Patria que me encantó.  Porque los humanos somos así, y en las peores situaciones, hay quien saca el peor lado posible. No voy a entrar en detalles, pero toda esa parte me tuvo muy, muy enganchada.

   Es un libro trepidante, en el que la acción no para ni un segundo, y al que, sin embargo, le sobran páginas, al menos es la sensación que he tenido, que había situaciones, descripciones, que se alargaban innecesariamente sin que realmente aportaran nada, o que podían haberse contado en menos… Y el final, no obstante, se me hizo demasiado rápido, aunque se cumpliera una teoría que tenía al respecto y que comenté con Jesús de Lacaverna literaria cuando leímos El Pasaje este verano.

   Otra cosa que me ha dado bastante rabia son los cambios que ha habido en la traducción. Los fluorescentes del primer libro aquí pasan a ser fosforescentes, y a Zapatillas le llaman Hightop las primeras veces, aunque luego vuelve a ser Zapatillas. Sé que soy muy pejiquera con esto, pero me gusta que las sagas mantengan su coherencia de un libro a otro…


   En definitiva, a pesar de las pegas que le saco me ha gustado, quizá un poquito menos que El Pasaje, pero es una continuación muy digna, adictiva, con ese estilo de Cronin que hace que parar de leer sea muy, muy difícil; personajes estupendos (tanto los que repiten como los nuevos), y un final abierto. No tan abierto como el del primero, pero sí que deja con muchísimas ganas de saber qué pasará en el tercer libro. 

  Ya sabéis que esta lectura forma parte del reto 10x10, y como siempre, ha sido un placer compartir lectura, e impresiones a través de twitter. Os dejo las reseñas de mis compañeros reteros: 



viernes, 4 de octubre de 2013

Wilt: Crónica de la Tertulia Literaria

 Concluye esta "semana Wilt" como no podía ser de otra manera: con una minicrónica de la tertulia literaria del pasado domingo. Quiero aprovechar para daros las gracias por apuntaros a la lectura y comentarla por twitter y recordaros que podéis comentar con todo lujo de detalles en esta entrada y leer mi reseña en esta otra.

   El domingo, justo cuando tenía que salir de casa, estaba nerviosa, bastante. Quedé con mi hermana en mi barrio y de ahí nos fuimos a Banco de España, con un poco de tiempo para llegar pronto para recibir a la gente, que queda feo eso de no estar a tiempo en algo que has organizado tú. Llegamos bastante pronto, así que pudimos parar a hacer algunas fotitos, y a mirar libros de la Feria del Libro Viejo y de Ocasión que había en el Paseo de Recoletos.

   Después, entramos en el famoso Café Gijón, y nos sentamos a esperar, poniendo el cartelito sobre la mesa. Miramos la carta y nos asustamos un poco, pero bueno, eso es algo que ya sabíamos. Me sorprendió la cantidad de gente que había, la verdad, pero al ser uno de los sitios culturales más antiguos que se conservan en Madrid, lugar de tertulias de grandes literatos, tampoco es de extrañar.

   Al poco de estar allí llegó María, y poco después Konichiwa, y como no esperábamos que fuese nadie más, nos pusimos a hablar del libro, entre risas, diciendo "¡nene pene!" en cada silencio incómodo y poco a poco fuimos hablando de otras cosas. En esas estábamos cuando llegó Clara, una chica que no habló mucho pero con la que nos lo pasamos muy bien, también. Tenéis que haceros twitter, chicas. Sospechosamente, mi hermana fue monopolizando la conversación y terminamos hablando casi más de ella que de Wilt, pero la queremos igualmente. No te enfades, Pi

   La verdad es que el tiempo que estuvimos allí se hizo corto, a mí al menos, y ya comentamos que teníamos que elegir nueva lectura para otra tertulia, en un sitio un poco más económico, claro. Si queréis proponer algún título para una nueva lectura conjunta y tertulia literaria, mandadme un mail a info@leoluegoexisto.net, y cuando tenga unos cuantos, subiré una encuesta al blog. Espero que la segunda salga igual de bien que la primera. 

miércoles, 2 de octubre de 2013

Wilt, Tom Sharpe

   Este verano, en Barcelona, una amiga me recomendó este libro como una de las lecturas más divertidas y disparatadas que había leído nunca. Me lo apunté, claro, que estoy a favor de las risas, cuantas más: mejor, y cuando surgió la iniciativa de quedar para hablar de libros en el Café Gijón, fue este libro el que propuse para leer y, visto lo visto, parece que fue todo un acierto. 


  Me adentré en esta novela sin saber nada del argumento, sin saber qué esperar de ella y lo que me he encontrado ha sido algo delirante, un humor inglés impresionante, situaciones surrealistas que se van sucediendo una tras otra, una muñeca hinchable terriblemente tozuda, y notas de humor negro negrísimo que han hecho que me tuviera que aguantar las carcajadas en el metro. 


   No quiero hablar mucho del argumento porque me ha encantado leerlo e ir descubriendo lo que iba pasado, porque es tan delirante y absurdo que no te esperas lo que va a pasar, cada hoja que pasas es una nueva sorpresa, una burrada aún más grande que la anterior y un final sorprendente que deja con ganas de leer las siguientes aventuras de Wilt. No porque sea un final abierto, no, sino por lo que se insinúa que puede llegar a pasar. 

   Los diálogos son brillantes, especialmente los que ponen en boca de Wilt, un tipo que le da muchísimas vueltas a las cosas, un profesor de Humanidades más que culto, pero con dudosas dotes para la enseñanza. Los personajes son geniales, aunque todos, sin excepción, tienen más defectos que virtudes, pero creo que esto es uno de los puntos fuertes del libro. 

   Personalmente, me parece un libro muy recomendable, si bien es cierto que el tema del humor es algo muy delicado. El humor es muy británico, según me contó mi hermana, Tom Sharpe es el padre de lo que hoy conocemos como tal, predecesor de Benny Hill y los Monty Python, para que os hagáis una idea. Si no os gusta esa clase de humor, quizá no sea vuestro libro, pero desde luego, darle una oportunidad es una idea más que acertada. 

   Os recuerdo que, si queréis comentar el libro con detalles/spoilers, debéis hacerlo en la entrada que publiqué el lunes y no en esta reseña. 


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