Editorial: Edebé
Número de páginas: 231
Saga: Las aventuras de Alfred & Agatha #2
Precio: 10,25 €
Sinopsis: Gracias a sus buenas notas, Alfred ha recibido un regalo muy especial: un auténtico chelín de plata, que lleva a todas partes con orgullo. Por su parte, Agatha necesita clases de refuerzo de matemáticas, así que le espera un verano muy aburrido con la señorita Henderson de profesora. Sin embargo, lo que parecía que iban a ser un par de meses muy tranquilos, al estar la gente de vacaciones, se termina convirtiendo en el caso más importante que tendrán que resolver. Aunque esta vez, contarán con la ayuda de, ni más ni menos, sir Arthur Conan Doyle.
Al igual que la primera parte, esta novela me ha atrapado desde el principio. Es literatura infantil, pero creo que los adultos lo disfrutarán de igual manera. Esto ya lo dije en la reseña del otro libro, pero lo mantengo (aunque me repita más que los pepinillos...).
La narración es sencilla, fluida, ágil. No podemos esperar nada diferente de un libro infantil, aunque me sigue sorprendiendo que el léxico en ocasiones no es lo que yo esperaría de un libro para niños. No es algo negativo, sólo que llama la atención. Al igual que Los 10 pájaros Elster, está narrado en pasado, en tercera persona.
Ya conocemos del libro anterior a los personajes principales, y sin embargo, en este libro entran en escena algunos más: sir Arthur Conan Doyle, su ama de llaves: la señora Watson; el misterioso señor Foster y la señorita Henderson, la reservada profesora de matemáticas.
En esta ocasión, el misterio será más personal, afectará directamente a nuestros protagonistas. Y, por ello, se verán forzados a intentar resolverso con más ahínco que nunca. Me parece absolutamente loable la labor que ha realizado Ana Campoy con estas novelas. No sólo ha escrito unos buenos libros para niños, sino que además, el misterio está fantásticamente llevado: mantiene en vilo al lector y pone a prueba nuestra inteligencia.
Tanto si tenéis niños, como si no, os recomiendo mucho estos libros. No hay que olvidar al niño que todos llevamos dentro.
