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miércoles, 20 de junio de 2012

Aquellos maravillosos pasajes #5

   En La voz dormida, de Dulce Chacón, hay párrafos enteros que habría subrayado. Por no reproducir el libro íntegramente, os dejo el que más me ha gustado:


—¿Sabe por qué están escondidos? ¿Lo sabe usted? Pues si usted no lo sabe, yo se lo voy a decir. Porque la guerra se ha acabado, por mucho empeño que pongan ustedes, y aquí nadie tiene ganas de más guerra. Estamos más muertos que vivos. Estamos todos muertos. Y solos. Estamos solos. Se acabó. Y punto final. Nadie va a venir a rescatarnos. Nadie. Y ustedes se empeñan en decir «los nuestros», «los nuestros», como si fueran un mundo aparte. ¿Y los demás? Yo no quiero que me diga usted «los nuestros» nunca más. Yo no quiero que esos que se figuran que aprietan la verdad en el puño levantado me digan lo que tengo que hacer, que ésos no mandan en mi persona y lo que digan y lo que dejen de decir no me deja a mí ni fría ni caliente, que yo no ando al dictado de nadie. Yo soy de «los demás». Y los demás estamos cansados. Muy cansados. Muy cansados y muy hartos. ¿Se está enterando?


lunes, 21 de mayo de 2012

La voz dormida, Dulce Chacón

Autora: Dulce Chacón
Editorial: Alfaguara
Número de páginas: 387
Precio: 10,95 €

Sinopsis: En la cárcel de mujeres de Ventas (Madrid), un grupo de presas superan el día a día apoyándose entre ellas. Tras la victoria de los nacionales, todo son represalias, la mayoría de las veces excesiva, contra el bando republicano, socialistas y comunistas. Fuera de los muros de la prisión, la lucha continúa, con la esperanza de que cuando termine la guerra en Europa, no permitirán la dictadura de Franco


   Los que me conocéis, sabéis que no me gusta la literatura histórica. Sin embargo, no sé qué me pasa con la Guerra Civil y la posguerra, que me fascina, es un periodo terrible de nuestra historia y suelo leer todo lo que puedo que hable de esa época. Creo que no hay que olvidar lo que pasó, tanto los horrores de la guerra como la barbarie que vino después, exacerbada, tal vez, por el miedo que había al otro bando. 

   Esta novela habla de eso, del miedo, de la angustia, del hambre. Una novela de lágrimas, de pasarlo mal, y de cabrearse. Pero que debe ser leída. 

   Capítulos cortos y narración sencilla nos ayudan a avanzar en una historia que de fácil tiene poco. Personajes oprimidos, silenciados a golpes. Personas que fueron reales, de las muchas voces que se intentaron acallar después de 1939, Dulce Chacón nos trae estas, de una forma increíble, que acerca a los personajes para que suframos con ellos, para que les cojamos cariño. 

Prisión de Ventas. 1939
   No me ha terminado de convencer el continuo cambio de narración, casi siempre en pasado, pero a veces en presente y otras en futuro. Es la única pega que le saco a la novela que, por otro lado, me ha encantado. Pero si no hubiese abusado tanto de ese recurso, la habría disfrutado mucho más. 

   Pasan muchos años en esta novela, más de 20, aunque no me termina de quedar claro cuántos exactamente, pero eso no es lo importante. Lo relevante es que esta es una novela de ficción, sí, pero que nos cuenta algunas historias reales (tal y como descubriremos en las últimas páginas, donde la autora da las gracias a las personas que le han cedido retales de sus vidas), que seguramente no sean las más horribles que pasaron entonces. 

  Desesperanzada, oscura y fría, igual que la cárcel de Ventas, así es esta novela. Sentiremos miedo, sentiremos dolor y, sobre todo, sentiremos impotencia porque nadie pudo hacer nada. Porque al terminar la II Guerra Mundial a nadie le interesaba derrocar el Gobierno de Franco porque ahora estaba el problema de los comunistas, y por eso todos permitieron la dictadura. 

   Recomiendo esta novela sin dudar, que no niego que las habrá mejores, pero me ha llegado hondo. Hay cicatrices que nunca deben ocultarse, y la que lleva este país encima, por muchos años que hayan pasado, sigue estando ahí, a la vista, donde tiene que estar. 
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