Me adentré en la
lectura de Los Doce con El Pasaje (reseña) relativamente reciente, ya que lo había
vuelto a releer en agosto. Esto no sé si ha sido una buena idea porque, aunque
me ha venido bien para recordar todo lo que había pasado, también ha hecho que
empezase muy impaciente, queriendo que continuara por donde se había quedado el
primer libro… y no es así.
De hecho, tenemos que esperar 300 páginas para
volver al tiempo “presente”. 300 páginas donde volvemos al Año de Cero, al
inicio de la epidemia, cómo reaccionó la gente y cómo se vivió ese fin del
mundo. Que sopesándolo la verdad es que está muy bien, pero a mí se me hizo muy
lento, no conseguía avanzar, y no entendía a qué venía meter a tantos
personajes nuevos de repente (y esto lo sigo manteniendo), para que luego,
finalmente, sobrevivan muy, muy poquitos.
Tras esas 300 páginas de “introducción”, volvemos al 97 d.V.
(después del Virus), y retomamos lo que ha pasado con los protagonistas del
libro anterior, que han crecido, han cambiado y están establecidos de una
manera o de otra. A partir de la mitad del libro ya se me hizo más ágil y me
resultó menos difícil avanzar, pero sí es verdad que el tono, como comentaba
Phobophille en su reseña, es muy diferente. Ya no es la historia de
supervivencia extrema que me encantó de El Pasaje, sino que tienen una serie de
recursos que parecen inagotables, y aunque siguen viviendo en un mundo que está
dominado por los virales, la mayor parte del tiempo sencillamente no lo parece.
Si la cosa se hubiera quedado aquí, podría haber hecho que
el libro no me gustase demasiado y, sin embargo, llegó la parte de La Patria que
me encantó. Porque los humanos somos
así, y en las peores situaciones, hay quien saca el peor lado posible. No voy a
entrar en detalles, pero toda esa parte me tuvo muy, muy enganchada.
Es un libro trepidante, en el que la acción no para ni un
segundo, y al que, sin embargo, le sobran páginas, al menos es la sensación que
he tenido, que había situaciones, descripciones, que se alargaban
innecesariamente sin que realmente aportaran nada, o que podían haberse contado
en menos… Y el final, no obstante, se me hizo demasiado rápido, aunque se
cumpliera una teoría que tenía al respecto y que comenté con Jesús de Lacaverna literaria cuando leímos El Pasaje este verano.
Otra cosa que me ha dado bastante rabia son los cambios que
ha habido en la traducción. Los fluorescentes del primer libro aquí pasan a ser
fosforescentes, y a Zapatillas le llaman Hightop las primeras veces, aunque
luego vuelve a ser Zapatillas. Sé que soy muy pejiquera con esto, pero me gusta
que las sagas mantengan su coherencia de un libro a otro…
En definitiva, a pesar de las pegas que le saco me ha
gustado, quizá un poquito menos que El Pasaje, pero es una continuación muy
digna, adictiva, con ese estilo de Cronin que hace que parar de leer sea muy,
muy difícil; personajes estupendos (tanto los que repiten como los nuevos), y
un final abierto. No tan abierto como el del primero, pero sí que deja con
muchísimas ganas de saber qué pasará en el tercer libro.
Ya sabéis que esta lectura forma parte del reto 10x10, y como siempre, ha sido un placer compartir lectura, e impresiones a través de twitter. Os dejo las reseñas de mis compañeros reteros:



