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miércoles, 20 de junio de 2012

Aquellos maravillosos pasajes #5

   En La voz dormida, de Dulce Chacón, hay párrafos enteros que habría subrayado. Por no reproducir el libro íntegramente, os dejo el que más me ha gustado:


—¿Sabe por qué están escondidos? ¿Lo sabe usted? Pues si usted no lo sabe, yo se lo voy a decir. Porque la guerra se ha acabado, por mucho empeño que pongan ustedes, y aquí nadie tiene ganas de más guerra. Estamos más muertos que vivos. Estamos todos muertos. Y solos. Estamos solos. Se acabó. Y punto final. Nadie va a venir a rescatarnos. Nadie. Y ustedes se empeñan en decir «los nuestros», «los nuestros», como si fueran un mundo aparte. ¿Y los demás? Yo no quiero que me diga usted «los nuestros» nunca más. Yo no quiero que esos que se figuran que aprietan la verdad en el puño levantado me digan lo que tengo que hacer, que ésos no mandan en mi persona y lo que digan y lo que dejen de decir no me deja a mí ni fría ni caliente, que yo no ando al dictado de nadie. Yo soy de «los demás». Y los demás estamos cansados. Muy cansados. Muy cansados y muy hartos. ¿Se está enterando?


miércoles, 21 de marzo de 2012

Aquellos maravillosos pasajes #4

   Hoy quiero compartir con vosotros un fragmento de Ocultos, de Jordi Sierra i Fabra, libro que ya está reseñado en el blog y del que hay muchas partes que serían para subrayar. En concreto, me quedo con esta: 

-¿Tantos libros prohibidos hay? -preguntó Eduard. 
-Cientos, miles.- Gerard de Villiers se dirigió a él-. La mayoría de las grandes obras del saber humano, sean tratados de magia o libros científicos, desaparecieron por la barbarie del pasado. Todavía hoy los gobiernos y los estados prohíben, queman, censuran o secuestran los libros, porque estos transmiten el conocimiento y la libertad, algo que no ocurre con ninguna otra forma de comunicación. ¿Olvidáis en qué país vivís? Tomás de Torquemada creó la Inquisición española. Primero ardieron varios miles de libros, pero dos años después el cardenal Cisneros llevó a la hoguera más de un millón, entre ellos todos los de la biblioteca de la Alhambra. Alejandría, Constantinopla, los códices mayas y aztecas... Cuando se destruye una biblioteca, se mata el alma de un pueblo, todo lo que es. Quemar un libro es asesinar algo más que la raíz de la humanidad.


   ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? A mí me encanta la historia de los libros prohibidos, así que tanto este fragmento como el libro en sí me gustaron mucho. 

sábado, 12 de noviembre de 2011

Aquellos maravillosos pasajes #3

   Últimamente estoy viendo muchas reseñas de El bebedor de lágrimas, la más reciente novela de Ray Loriga, y me pregunto si la gente que lo ha leído sabe cómo eran los primeros libros de Ray, tan anárquicos, tan poco convencionales, llenos de frases lapidarias. 

  A excepción de su última novela, he leído todo lo que ha escrito este autor, y la verdad es que son sus primeras novelas las que más me han gustado. La última, Ya sólo habla de amor, incluso me decepcionó. Sus primeros libros apenas tenían argumento, como digo eran caóticos, y ahí radicaba su maestría. Le daré una oportunidad a El bebedor de lágrimas cuando  mi hermana me lo preste, pero antes quiero compartir con vosotros las distintas frases que me marcaron tanto como para dejarlas apuntadas, de toda la obra de Ray. Espero que os gusten:
Ray Loriga

Lo que uno se inventa es más real que lo que a uno le pasa. Al fin y al cabo, lo que a uno le pasa no deja de ser un accidente. 
LO PEOR DE TODO 

De todo lo que nunca he tenido, ella es lo que  más echo de menos.

No es fácil que confíes en ti mismo cuando todos confían en que seas alguna otra cosa distinta.

Olvídate del mapa, pero no te olvides del tesoro.

Cualquier imbécil puede herir a una mujer, pero sólo un hombre grande puede llevársela para siempre. 

Algunas personas valen más por lo que piden que por lo que dan.

Tengo el traje de un mendigo y los zapatos de una estrella.

Sólo estás realmente solo cuando no puedes oír lo que piensas. 

Santo como algunos poemas y algunas canciones. Santo como un loco o un idiota. Encerrado y solo.

No puedes tomarte nada a la ligera porque las cosas se inclinan, se tuercen y se caen. 

No tienes lo que te mereces, tienes lo que no consigues esquivar.

No importa dónde estuviera porque siempre deseaba estar en otro sitio. 

HÉROES

Las cosas de los muertos son en realidad las manos de los muertos, la caricia helada de lo que ya no está. 

Uno no tiene por qué acordarse de los niños al mirar a los hombres. 

Los cirujanos son los únicos que conocen la medida de sus tajos. 

DÍAS EXTRAÑOS

La tristeza no tiene fin, la felicidad sí.

Qué triste sopla el viento en la lejana tierra del extranjero.

Un incendio apagado puede seguir quemándole a uno toda la vida.

Sólo después de olvidar eres completamente inocente y por eso mismo, definitivamente culpable. 

La memoria es el perro más estúpido, le lanzas un palo y te trae cualquier cosa. 

Es el amor lo que cuenta, lo demás no es nada. 

Un cuerpo que lucha es siempre mejor que un cuerpo vencido. 

Dos personas mirando al mismo cielo siempre esperan nubes distintas.

Es el recuerdo, no el olvido, el verdadero invento del demonio. 

El amor es realmente una tormenta de la imaginación.

TOKIO YA NO NOS QUIERE

Principio entrópico: no hay un destino prefijado, sino un mono aporreando las teclas de una máquina de escribir.

No soy culpable del crimen del que me acusan, sino del crimen que mi propio corazón estaba condenado a cometer. 

TRÍFERO

Una zorra es aquella mujer que consigue que los pies de su deseo se bañen en el río de su interés. 

No se lleva a un hombre al cadalso por los crímenes que sueña cometer sino por los crímenes que comete. 

EL HOMBRE QUE INVENTÓ MANHATTAN

Quitarle a un hombre la patria es como pegarle alas en la espalda.

La idiotez nos acorrala y la cultura se ha convertido en un asunto siniestro de cifras y de fiestas de fin de año, de informes y ferias y galas.

Escritores de su rango no abundan, ni aquí ni en ninguna parte y, de sus muchas pieles, sacamos retales para hacernos abrigos contra los fríos que corren.

Los muertos se cuentan de uno en uno, no al peso, y el resultado final es siempre el mismo.

Nadie conoce a un hombre mejor que su mejor adversario, nada une tanto como una espada que acorta la distancia entre los guerreros y alarga un puente entre los vivos y los muertos. 

No hay peor infierno para un escritor que el mundo real.

Aburrirse no es más que pensar muy despacio. 

DÍAS AÚN MÁS EXTRAÑOS


Una persona que no consume azúcar necesita más amor de lo normal.

Todo amor es sin lugar a dudas el asalto a un tesoro que no nos pertenece.

Cualquier tratado de paz, aunque se llame derrota, es preferible a una guerra que ya no se puede ganar.

La maldad, justificada o no, siempre se pierde en la ciénaga de su propia fealdad.

Aquel que no es capaz de amar lo suficiente es siempre el único culpable.

Tiene en estos días, o eso quiere pensar, la remota elegancia de los mendigos.

Sólo una mujer puede convertir, con su mera presencia, un segundo cualquiera en una promesa.

También los escritores grandes deberían visitar a los pequeños.

Hasta un monstruo merece de vez en cuando un paseíto fuera de la jaula.

Un hombre que celebra solo su cumpleaños se regala lo que quiere.

Las hazañas del pasado en nada despeinan siquiera el presente.

Qué crueles pueden ser a veces los vientos más cálidos y las noches más claras. 

Aquel que se preocupa por los problemas de los demás, o no tiene problemas o ha decidido ignorarlos. 

YA SÓLO HABLA DE AMOR

miércoles, 19 de octubre de 2011

Aquellos maravillosos pasajes #2

Pincha en la imagen para conocer el origen de la sección
  Las estrellas se pueden contar, de Giula Carcasi, comienza con el siguiente fragmento:

Una vieja canción decía:
"Tú lo sabes todo sobre la realidad del mercado y yo en eso soy un negado. Pero para inventar lo que no existe quizás yo sea mejor... Tú tienes el dinero; yo la fortuna de encontrar flores en la basura. Porque para encontrar lo que no existe quizás yo sea mejor". 
   Pues entonces, déjate ya de cuentas y de cifras. 
   ¿Sabes decir cuánto amor llevas dentro? ¿Un kilo? ¿Un litro?
   No lo sabes, ¿verdad?
   Entonces, olvida las matemáticas. 
   Inventa lo que no existe. 
   Porque lo que existe es de todos. 
   Pero si consigues encontrar lo que no existe, bueno, entonces tienes algo sólo para ti. Y si alguien ve lo mismo que tú ves, es que has encontrado a alguien que te vive. 
   No lo dejes escapar. ¡Cógelo! ¡Vívelo! ¡Escríbelo!
   Las historias son como las personas. 
   No están hechas para estar solas. 
   En alguna parte del mundo hay alguien que vive una historia que se refleja en la tuya. 
   ¡Mira a tu alrededor! 
   Ese alguien no está tan lejos de ti. 
   Es la otra mitad del libro. 
   No pierdas tiempo escribiendo más páginas...
   ¡Búscalo!
   El resto lo escribiréis juntos. 
   Porque no hay nada más perfecto que dos historias que se entrelazan. 


sábado, 17 de septiembre de 2011

Aquellos maravillosos pasajes #1

   Estreno sección, cuyo nombre no se me ha ocurrido a mí, sino a mi querido amigo Rubén, que me ha dado permiso para utilizarlo. 

  Esta sección no tendrá periodicidad exacta, sino cuando surja, aunque si es una frase de un libro que acabo de reseñar, intentaré publicarlo cerca de la reseña (aunque implique publicar dos días seguidos). 

  No tiene más misterio, se trata de compartir con vosotros pasajes literarios que me hayan gustado o hecho pensar, en vez de incluirlos en la reseña. Sustituye también a una de las páginas ya existentes en el blog, que no me convencía que estuviese así, y la terminaré eliminando. Pasaos por Citas Literarias para despediros, jeje. 

  Ah, y si alguien quiere utilizar la imagen tiene mi más absoluto permiso. Es una ilustración de Matilda, del libro de Roald Dahl y yo sólo he añadido un marco con sombra y las letras. Lo único que os pido es que la descarguéis, que no enlacéis a mi imagen porque me sobrecarga la página. Si tenéis problemas para descargarla, yo os la mando. Y esto es válido para todas las imágenes de las secciones (aunque tampoco es que sean nada del otro mundo, todo lo hago con picnik). 

  Después de todo este rollo, vamos a lo realmente importante. La cita de hoy es de Cuando Dios era un Conejo, de Sarah Winman, cuya reseña salió ayer. De este libro habría marcado prácticamente la mitad, pero me quedo con este pasaje: 



    –¿Tú crees en Dios, Arthur? –le pregunté mientras me comía el último pedazo de bizcocho.
    –¿Que si creo en un anciano de barba blanca que vive en las nubes y juzga a los mortales con un código moral de diez mandamientos? ¡Cielo santo, querida Elly, claro que no! Me habría expulsado de esta vida hace años por mi alocada historia. ¿Que si cre en un misterio, en el inexplicable fenómeno que constituye la vida misma? ¿Que si creo en algo más grande que nosotros y que ilumina la inconsecuencia de nuestra vidas? ¿En algo que nos da una razón por la que luchar y la humildad para purificarnos y empezar de nuevo? Entonces sí, sí que creo en él. Es la fuente del arte, de la belleza, del amor, y ofrece la bondad suprema a la humanidad. Esto es Dios para mí. Esto es la vida, y es en esto en lo que creo.



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